El Fuego Sordo

un sitio de reunión para todos aquellos que escriban o que pretendan hacerlo. sobre todo aquellos que escribimos en las sombras e, incluso, en una zona de cierta penumbra.

viernes 25 de diciembre de 2009

Feliz Navidad

sábado 24 de octubre de 2009

Para los que narran

Los que narramos debemos entender, eso creo, que una situación extrema, incluso graciosa, nunca transmite tanto como los momentos que casi todos vivimos, cada uno a su manera y según su gusto o disgusto, por ejemplo, sufrir de diarrea y hacer las necesidades en un baño portátil, en día de fiesta popular y con borrachos que tocan muy fuerte la puerta e incluso pueden llegar a voltear el baño, nunca puede compararse con la primera vez que a uno lo dejan sólo en un hospital o cuando se conoce el sexo, por lo común en poco favorecido lugar. Es decir, no se exagere, no se rompa la rutina rompiendo también el relato o las pelotas de quien lea.

lunes 19 de octubre de 2009

Qué Androides ni Ovejas Eléctricas.
















La suma de los días que han pasado hasta hoy desde… desde cualquier tiempo, da un número, irrelevante en sí mismo. Pongamos que hace mucho yo era joven y tenía una amiga que quería tanto como para desear que fuese mi novia. Ella no lo quiso y no hubo tragedia en eso, son las cosas de la vida y no lo digo por adoptar la posición del sabio de la resignación o sabio de cualquier otra especie. Pasa el tiempo y las cosas del querer van dejando de ser unas para llegar a ser otras. Es decir, no se piense en desgracia al pensar en el amor no correspondido, eso sólo es así en dos supuestos (se me ocurre): cuando se ven las cosas a muy corto plazo o cuando se posee una disciplina y persistencia con nivel de virtud teologal.

Pero ocurre que la gente se va del país y quién sabe cuántas cosas vive por ahí y una noche, una noche de propios problemas y de soledad, de café y cosas oídas a otros, la gente lo llama a uno. Es lindo recibir llamadas de muy lejos, siempre causa asombro, como el de antaño o el de siempre al contemplar el fuego o el mar. Pero pasado el primer asombro queda la realidad, queda el peso del dolor ajeno que es propio aún así, tan lejos, queda el no poder hacer nada por la gente que uno bien quiere. Las máquinas que hemos inventado (¿Cuándo inventates vos, Chaco, un avión, le decía mi abuela a mi abuelo) son neutras y somos nosotros los que las llenamos de sentido, de amor, de tristeza. Un día nos habremos ido de por estos lados y lo que quede, unas palabras escritas, por ejemplo, no podrán mostrar todo lo visto, todo lo vivido, todo lo que se quiso. El final de Blade Runner no es tan SciFi como se piensa. Amigo, comenta algo.

domingo 27 de septiembre de 2009

DOMINGO, NO LLUEVAS


Una mañana de domingo con lluvia invita a escribir frases poéticas. Sin embargo, hay que declinar esa invitación, tal como se hace con la similar a reírnos con chistes ya sabidos y reídos en demasía por, al menos, tres generaciones. Es decir, de ser poético en mañana de domingo con lluvia hay poco trecho a comparar la luna con un queso, decir que el silencio dice más que mil palabras o deteriorar una narración sobre una vedette de escasa estatura introduciendo en aquella la referencia a una gallina de los huevos de oro.
Tal vez fueren cosas que pide el cuerpo, en tal caso no faltará quien opine que hay cierta cognición corporal, una “corporación” que no puede ni debe ser negada, que hacerlo es signo de enorme negación de la propia naturaleza, donde sea que esta se asiente y crezca. Pudiera ser cierto, no digo lo contrario de manera absoluta, pero tampoco es falso que el resultado es molesto, que reírse del mismo chiste pasa dos o tres veces, si la muchacha es hermosa o el anciano buena gente, pero con el tiempo fatiga, aturde, ahuyenta.
De otra cosa habrá que hablar en domingo llovioso. Por ejemplo, del final de las religiones. O del final de la religión católica. Parece llegar a su fin en Venezuela, si bien este no fue un pueblo demasiado creyente. Ella cede el paso a nuevas espiritualidades, a nuevos dogmatismo. El de la política, vaya, mejor pasarlo de largo, porque, con mucho, es el más peligroso, aunque no ha rendido sus frutos plenamente. El del ateísmo o agnosticismo (que dicen que no es lo mismo, pero se parece mucho), es interesante. A sus ojos, según su decir, quienes tenemos ideas religiosas, así sean tan vagas y confusas como las mías, somos seres humanos en cuanto caminamos y repetimos, no más allá. Ojo, que con esto no quiero ofender a personas que practican esa ardua fé de no creer en ultramundos, que personas así conozco y aprecio y sé que son buenas y valiosas.
Pero allá, no tan al fondo, están los fanáticos. Y si a ese ateísmo sumas otras certezas como el marxismo o la revolución, la cosa toma ribetes medio tensos. Nunca tuve pruebas de mi dios, de mis dioses, de mi meditación o nirvana. Es cierto, no tengo mayor cosa para agregar. Pero, creo que su materialismo histórico tampoco parió nunca al nuevo hombre, ni eliminó las diferencias de clases, ni trajo la paz ni nada extraordinario que el capitalismo no hubiere producido. Entonces creer es tan fácil o tan difícil en los dos casos. Necedad de por medio, nos veremos por ahí, en el mundo. O en el ultramundo.

martes 15 de septiembre de 2009

Esa gente, puaj


Las cosas avanzan y uno no. Eso sucede a veces, no tantas, pero suficientes para... ¿Quién le ha tomado el ritmo a los tiempos? ¿Quién tiene datos certeros sobre el avance de las sociedades? Sé de gente que plasma estos datos en gráficos. No se piense que en tortas o barras. Una línea recta basta. En ella ponen la sociedad (representada por una corona) y mucho más atrás está uno, cada vez más rezagado a la par que más viejo. Se dice que hubo personas que iban a la vanguardia, pero eso solo se supo una vez que estuvieron muertos. De todas formas, no era relevante el asunto mientras estaban vivos, incluso, pudo haber sido desagradable para todos los interesados, que son bastantes si uno toma los criterios amplios que recomienda la democracia. Esa gente, los que van adelante en los gráficos, no suelen ser buena compañía, que deviene en simplemente desagradable si se les entera pronto de su condición.

sábado 29 de agosto de 2009

Porno (resubido)


Porno (una forma de colocar un título a un post es decir de qué no trata)

No es que la escritura de este blog me haya deparado aventuras sin par. No pienso aseverar tal cosa pues estaría mintiendo. La vida del que escribe un blog, al menos si se trata de un blog que lee muy poca gente, sigue siendo la misma. Aún debo trabajar, no me señalan por la calle y, lástima, aún recibo un mayor y desconsiderado porcentaje de reenviados en mi correo.
Sin embargo, tampoco es empresa del todo aburrida la de llevar adelante El Fuego Sordo: En mis búsquedas por la web encontré un comic (mejor dicho, un manga), para descargar y leer en la pc, el cual juzgué bueno. Se llama César & Friends. Por ser tan divertido, le achaqué a su lectura, junto a otras causas, la responsabilidad de que mi blog no fuera como Orsai, de Hernán Casciari (blog que me gustaba mucho antes y que aún me gusta, pero respecto del cual debo afirmar que todo tiene un declive: ahora prefiero Espoiler, del mismo autor).
Una pequeña sorpresa fue recibir un comentario del autor en este post, invitándome a continuar la lectura, luego de demostrar sus sorpresa por mi referencia. Y de seguro por el hecho de que un hombre de 33 años, para la fecha, que hoy poseo dos más y no por gusto, lea manga.
Esta mínima perplejidad me abrió el paso para otras más. Si bien, hubo tiempo de reflexión entre ellas, permitido por la poca gente que transita por estas páginas y, sobre todo, por su timidez decisiva a la hora de afrontar el dilema ¿Comento o no?
De igual manera recibí mensaje, vía correo, de otro autor, ahora el mexicano Eduardo Olivares para dar acuse de recibo de la publicación en este medio del relato, excelente, El Feto Genio, ejemplo de maravillosa literatura que nos estaría vedado leer de no ser por la existencia de Internet. Eduardo me refirió su alejamiento de los caminos de la ficción, cosa que lamento y me ofreció su libro con citas sobre política, el cual se me hace difícil de adquirir por las severas y engorrosas limitaciones que se imponen acá en Venezuela para acceder a un cupo en dólares medianamente decente.
Obviando algún incidente he de decir que la referencia a un vídeo, alojado en la plataforma Youtube, sobre la vida de el escritor maldito Barón Biza, atrajo a este espacio a un grupo de seguidores suyos que prometen colocar en esta dirección http://www.baronbiza.blogspot.com/ la obra íntegra de tal autor. No deja de ser interesante tal ofrecimiento.
Surge de repente una pregunta para mí ¿Es que esto es ser blogger? y otra, hermosa y dura ¿Seré yo, maestro?

La locura del rey Jorge



Un video editado se difunde por Internet: en él se muestra la presunta demencia senil que aqueja a Fidel Castro. Sin ser demasiados parciales debe reconocerse que el hombre no es el mismo, que una enfermedad, la que sea, oculta a los grandes medios (e incluso a los pequeños y virtuales) ha disminuido sus facultades mentales. Nunca le tuve por genio, como tampoco a ningún otro político. Siempre he esgrimido la tesis de que quienes nos gobiernan, desde la época y el lugar que se juzgue conveniente usar como referencia o punto de partida, son personas normales, tal vez demasiado pagadas de sí mismas, tal vez un poco locas, creyentes de su propia leyenda. Pero es evidente el deterioro del discurso. Digamos la verdad; Fidel parece, en ese video, un abuelito bueno y senil de los que huelen a orina seca. Mi idea no es mofarme del hombre. El tipo tiene cuentas pendientes. Como todo gobernante, debió pasar por encima de muchos, ejecutar grandes injusticias para llegar y, sobre todo, para mantenerse en donde tantos años estuvo. A ratos, ratos perdidos acaso, hizo algunas cosas bien y ayudó a otros. Pero como dijo Julio Cortázar, allá en el fondo está la muerte. Es nuestra naturaleza, debe ser asumida su inminencia para calmar un poco el ánimo y ahuyentar el temor paralizante que la conciencia de la propia finitud podría causarnos si no la entendemos como algo natural. Los que han abandonado la creencia en ultramundos o en trascendencias, saben o debieran saber el riesgo y la valentía que requiere su postura. Ante esto es inevitable construir ídolos, titanes que afrontan los avatares de la existencia, las fuerzas de la naturaleza e, incluso, la perversidad humana encarnada en sistema político y económico. A tales fines se han levantado o se levantarán altares ateos para Marx, Lenin, Mao o Fidel. Es forma de asumir la vida y por esto no es objeto de crítica mientras en nada moleste o dañe a los demás, a los que no comparten la creencia o no la comparten con la misma intensidad o sinceridad. O mientras no dañe a cualquiera. Alargo demasiado mi reflexión, la idea es: es tragedia la muerte y es tragedia la muerte de los mitos, aún antes de la muerte física de quienes los encarnan. No puedo condolerme por un señor que juzgo pernicioso, tampoco alegrarme: vida y muerte son naturales como la lluvia, la noche o el sonido. Me duele, eso sí, la desolación de quienes han construido su vida en torno a esa figura, viendo en ella una especie de superhombre que no tendría final. Los que creen en ultramundos tal vez sean infelices en el fondo. Pero los creyentes de las religiones de izquierda tienen despertares más incómodos y no siempre tan tardíos, tan tranquilos, tan serenos.

miércoles 26 de agosto de 2009

estaba de vacaciones, pero ya he regresado

viernes 31 de julio de 2009

Un poco (demasiado) sobre el relato breve RESUBIDO

El relato breve tiene sus teóricos; serán dejados de lado en esta entrada, bien porque su estudio pueda considerarse extenso, contradictorio o árido o bien porque el autor del blog los desconozca o prefiera desconocerlos. Breves puntualizaciones se hacen necesarias. A cada cosa según su naturaleza o forma de ser.

No creo excesivo o presuroso afirmar que existe mayor número de obras maestras dentro del cuento breve, incluso brevísimo, que en el campo de la novela. Tal vez sea porque se dure menos en la ejecución de aquel en comparación con ésta (esta tesis se puede comprobar con un sencillo experimento casero).

Un cierto ánimo de competencia determina que en algunas épocas se haya intentado (y en otras logrado) escribir cuentos cada cual más breve que el anterior. Magnificos ejemplos hay:


For sale: baby shoes, never worn. (Se vende: zapatos de bebé, sin usar) Ernest Hemingway


El dinosaurio.

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Augusto Monterroso


La tradición zen, con sus koans y sus relatos ha contribuido a enriquecer este género que de esta manera se emparenta, o así lo creo, con el haiku en lo de producir un destello en el ojo o on estremecimiento del espíritu a los que sigue la nada.

El cuento brevísimo no sólo puede abordarse con ánimo lírico. Muchas veces el mismo se nutre de una idea ingeniosa, de esas que en la oralidad se encarnan en el buen chiste o adivinanza que de tanto repetirse pierde la gracia, sin que por ello deje de oirse una y otra vez, incluso en la misma fiesta, velorio o de tarde de calor en la oficina. La ambigüedad o ambivalencia es un buen producto final.

Gracias a la Internet se puede acceder a una gran cantidad de trabajos breves de narradores que de otro modo no conoceríamos, a causa del extraño e injusto (y otros calificativos más fuertes que no tengo deseo de escribir) filtro de las empresas editoras. El mexicano Eduardo Olivares nos da un maravilloso ejemplo ello, tomado de la página http://www.ficticia.com/:



EL FETO GENIO
Eduardo Olivares
El feto genio despertó temprano. Ya pronto serían los nueve meses cumplidos desde aquel infausto día en que una simple célula había derivado en la masa de miembros pequeños y demandantes y de sensaciones confusas en que se había convertido. Meditó sus opciones mientras nadaba en las pegajosas aguas de su hábitat. Escuchó a sus padres hablar de hospitales y de sexo y de cuentas por pagar. Escuchó a su madre cantarle y también la escuchó jadear atrapada entre las viscosidades intensas de la masturbación. Escuchó los noticieros televisivos y, a través de las desenfrenadas voces de los conductores, percibió el dolor vivo e infinito de un planeta al borde del suicidio.
Entonces, en un impulso de inextricable sabiduría prenatal, decidió no nacer.
-Ni que estuviera pendejo -, razonó, mientras sus ojillos llenos de orina alimenticia y de mucosa asfixiante, se cerraban plácidamente para siempre.


A modo de ejercicio pretendo demostrar cómo se puede construir, aún torpemente, un relato con base en cualquier idea sencilla:


La adolescencia es tiempo de gran padecimiento, si se sigue la etimología e incluso carencia. En ese tiempo Carlos caminaba, si no pegado a las paredes, sí ensuciando con cal o pintura barata pantalones y camisa y sufriendo alguna rasgadura o raspadura en ropa o piel. Desde esa posición podía contemplar muy bien a las muchachas más hermosas a sus ojos, esas que poblaban sus ensoñaciones eróticas. Un día un golpe le desvió de la contemplación. Un hombre de unos cincuenta años, calvo y rosado lo empujaba, una mano contra el pecho y el puño semiabierto semicerrado bajo la oreja, con fuerza. "No me vas a robar, vete a la mierda". El hombre entró a su oficina. Carlos se dejó crecer el pelo, se inscribió en el partido comunista y usó en lo adelante una argolla en la oreja izquierda, demasiado grande tal vez. Colocó pancartas y escribió pintadas de madrugada, militó lo más que pudo y a los años compró carro. Su partido llegó al poder, pero siguió de largo. Sin darse cuenta, esperó y al fin vio en la prensa la noticia del deceso del hombre calvo que en los últimos años ya palidecía. No se sintió contento, tampoco tranquilo, pero estuvo bien. Al mirarse al espejo vio cómo la argolla, con su peso, había estirado visiblemente su pabellón auditivo.

UNA OBSERVACIÓN


Hace un tiempo vi una película que me pareció notable por su calidad y por su poca popularidad, aún en círculos adictos al cine. La adquirí y compartí con amigos. Palabras de elogio y agradecimiento recibí, con una excepción final, es decir, a partir del momento en que tuve una opinión contraria dejé de hacer circular el largometraje ¿Por qué? ¿Me ofendió la crítica a una obra del pensamiento o de la sensibilidad humana que no había producido yo? Interesante situación.
En algún lado se ha dicho que así como es necesario alguna medida de talento para escribir con provecho, también se requiere una dosis del mismo para leer y que algo quede. Imagino que similar baremo podría aplicar a otras expresiones del arte: música, cine, danza, escultura, cómic. Entonces, pido comprensión, tal vez sólo asumía yo mi acto de contemplar, comentar y recomendar una película que juzgué excelente como un hecho creativo y creador. Tan altas expectativas pueden devenir en bajones de ánimo significativos.

jueves 30 de julio de 2009

DE NUEVO HAY QUE HABLAR DE CIERTAS COSAS



He tenido como orientación que este blog sea, dentro de lo que cabe, políticamente correcto, es decir, en Venezuela y a estas horas, que no se refiera a lo político en modo alguno. Para no herir sensibilidades hiperdesarrolladas. Pero las cosas tienen su límite y llega un momento en que uno debe hablar, no porque lo que se vaya a decir sea particularmente profundo o revelador. No, por el contrario, se trata de ideas evidentes que de seguro visitan a todos, con independencia de la recepción que se les tribute.
No, lo que debo decir es sencillo. Es sólo expresar que estoy cansado. Hoy día se repiten cosas, se informa, se opina. La sociedad de la información se nos muestra como la más democrática de todas, como la que permite acceder a contenidos antes vedados por las limitaciones materiales y expresar la opinión propia sin limitaciones o casi sin ellas. Todo suena muy bien y signo del avance de estos medios es la decreciente influencia de la televisión y la radio como vehículos de comunicación, normalmente unidireccional, aunque se pretenda parecer lo contrario.
Se dicen todas estas cosas, acaso con razón, pero se deja de agregar algunas. Que el poder de estos mentados medios democráticos no impide que caiga Zelaya, se mantenga la sospecha de fraude en Irán o siga incólume la falta de atención del gobierno nuestro por los estragos del delito en la sociedad. En nada cambia eso facebook, blogger o twitter. Es más, siento que esas tres plataformas son incluso responsables de mi cansancio, de mi saturación de contenidos banales (es cierto, tampoco fui impelido a iniciar sesión en ninguna de las tres plataformas, pero es que es débil mi voluntad). No quisiera citar los ejemplos (gato de jacko hereda tantos dineros; teodoro dice que el gobierno está en estertores; madres de barrio apoyan proyecto de reforma), pues la cosa tiende a la chistemalización (hoy hay palabras para todos y uno las puede inventar para ser inteligente y que los otros lo noten).
Se dice y se repite mucho por estos días, que el límite de atención del usuario de internet es reducido, unos cinco minutos a los sumo. Esto exige que sea breve gracias a dios. hemos llegado a otro punto: hoy está de moda ser ateo. Soy creyente, de manera confusa, lo confieso, pero creo en Dios como alguien superior al hombre que ha creado y crea todo esto. Pero hoy lo que da nota, lo que reviste de charol el pensamiento y el estilo de vida es no creer. No digo que todo el mundo deba hacerlo, no lo recomiendo a pesar de que la idea de la trascendencia me parece intrínseca de la condición humana. No digo que sólo se encuentre plenitud en la creencia en un ultramundo.No, plenitud la puede haber en nuestra vida hoy y ahora. Pero, como diría Cortázar, allá en el fondo está la muerte. Y no está sola, también están el miedo y la consciencia de la propia finitud (porque la finitud de los demás preocupa, llena de tristeza, pero en el fondo, permite vivir, se hace uno a la idea). Sin embargo, hoy y lo digo a gracias a la revisión de la internet y de las plataformas que tan alegremente he denigrado un poco más arriba, un fantasma recorre el mundo, el fantasma del ateismo. Admiro sus medios, sus razonamientos, pero no me gustan sus conclusiones. He decidido ser breve, condenarme a que se me note lo tarado por lo que acabo de decir, pero qué más da.
Idea final: hoy se habla del socialismo y eso fatiga. Más que decir que se habla del socialismo, debo corregirme y expresar: hoy se nombra al socialismo. Se le presenta como síntesis de todos los valores humanos. Recuerdo una frase de Star Wars: "mucha gente murió para que pudiéramos ver esto". Algo así es el cuadro que nos pintan. Al parecer Jesús, Mahoma, Gandhi y aún el perro Nevado eran socialistas al estilo Fidel (nunca al estilo Stalin). Con todo esto estaría garantizada la felicidad. No quiero decir que piense que el capitalismo no tiene parangón, que el socialismo esté de plano errado en todas sus presentaciones debido a las refutaciones que con rigor científico y altos vuelos filosóficos le he enrostrado yo o un tercero. No. No se trata de esto, sino de la repetición que tiende a simplificar, a ignorar hechos históricos que han aterrado (purgas soviéticas, revolución cultural, khemeres rojos en Camboya) y que en sí mismos deberían hacernos menos proclives a aceptar los dogmas simplones que se pretende imponer. No tengo solución en mis manos ni proyecto alguno que asegure la paz, la concordia, la prosperidad del país y el fin de la pobreza, pero creo que por el hecho de que yo no gobierne ni tenga intenciones de hacerlo, sea menos válida y oportuna mi opinión.
Estas cosas y no otras quería decir, pero la forma, el tiempo breve y la falta de atención (la mía y la de los hipotéticos lectores) hacen que se expresen así, brevemente y sin hipervínculos e intertextualidades, pero me ya me quedo más tranquilo.

lunes 20 de julio de 2009

FALKE


Escribo esta nota desde la emoción. No tengo herramientas metodológicas que me permitan emitir un criterio científico y razonado, ajeno a la subjetividad y que demuestre, con pruebas en mano y citas APA, las bondades de la novela.
He leído Falke con deleite.
¿Qué es Falke, para los no iniciados en la historia de Venezuela?
Falke o el Falke, es o fue un barco que partió a finales de la década del veinte del pasado siglo, desde un lejano puerto europeo hacia Venezuela, en un difuso afán de invasión destinada a derrocar a un déspota taimado y astuto.
Federico Vegas aborda el tema desde la mirada de un tío que formó parte de la invasión, apenas un muchacho estudiante de medicina por entonces. Eduardo Casanova, en una correcta reseña, expresa, por haber conocido a Rafael Vegas, al tío novelado, que poco hay de él en el personaje narrador de Falke, dando a entender, no recuerdo las palabras exactas, que en nada afecta a la novela esta circunstancia.
Falke narra, pues, los avatares de una derrota, de una aventura malograda de antemano por la atmósfera que caracteriza a la narración. Pero antes que la anécdota, sencilla y fácil de resumir, importa la sabiduría que emana de la obra, expresada en ciertas máximas y determinados cuadros que nos pintan como país y que dan pistas para evaluar, para pensar, para entender nuestra realidad actual.
Es imposible olvidar a un Linares Alcántara, formado en West Point y sordo a causa de los cañonazos que debía soportar por su honor de jefe de artilleros, que detiene el ataque a las tropas del déspota para tomar café, soplándolo porque estaba caliente. O a un Doroteo Flores, antiguo combatiente y personaje memorable, quien en las horas de ocio a bordo del Falke refiere las portentosas hazañas de Ducharne y Sixto Gil, en una lucha guerrillera sin esperanzas, pero plena de honor. Hazañas que luego desmiente alegremente, en tierra y huyendo, sorprendido de que Vegas le haya creído todo ese sartal de historias que sólo contaba para entretener a los compañeros.
Es Falke una novela histórica, una Bildungsroman, un relato de aventuras, una reflexión sobre nuestra visión compartida como pueblo o la ausencia de la misma, una estampa de la vida venezolana en el exilio parisino e incluso, una serie de relatos pintorescos que tienden a refrescar la narración.
Son sólo ejemplos que en algún modo pueden dar una idea lejana de la rica experiencia que en sí misma comporta la lectura de Falke, libro, que a pesar de haber sido un éxito editorial, desde los modestos criterios patrios y latinoamericanos, considero injustamente ignorado, dentro de la ficción histórica reciente, que ha dado obras memorables como El Pasajero de Truman y La Tarea del Testigo. Otro motivo para lamentar las políticas estatales que limitan la entrega de divisas extranjeras para la importación de libros y de materiales para su edición en estas tierras.

jueves 16 de julio de 2009

Costumbres


Hay quienes son o se tienen a sí mismos por irreverentes, intolerantes con la estupidez. Son quienes demuestran las tramas inútiles de la sociedad, los desnudadores del absurdo cotidiano, los apóstoles de la sinceridad. Hay muchos en la vida y no pocos escriben. Yo he sido uno de ellos, de cortos vuelos, eso sí.
Reformadores de costumbres, moralistas, piedras en el zapato, agitadores sociales. Toman los más dispares disfraces y trajes para hacer aquello para lo que han nacido, según la conclusión a la que llegan antes o después. No diré que no les critico, porque mis lectores, que yo sepa, sólo tienen el defecto de ser pocos, pero no son tontos. Por algún lado vengo y es una simpleza, un ejemplo:
Uno va por la calle, ve de lejos a un conocido, digamos que alguien agradable, para no desviarnos del punto por un lado emocional. El tipo es buena gente, no digamos tampoco que demasiado, para actuar con mesura. El tipo llega o nosotros llegamos hasta él y el tipo habla: "Qué tal, cómo va todo, qué tal el trabajo", no hay interés en la voz, es apenas una fórmula. Uno entonces piensa "qué ocio, qué vicio imbécil". Verdad no falta, pero creo que el asunto da para más.
Es cierto, preguntas sobre el clima, la salud, el trabajo, la familia o la vaina en general son desperdicios de aliento y palabra. Son estereotipos de conductar, convengo en eso. Ahora, la intolerancia frente a ellos, la palabra que no sale de los labios pero que insulta al otro, como que no es muy original. Es decir, quien maltrata o quien desprecia también repite, también algo recibe en el reparto universal de la estulticia, aunque goce de mejor fama.
No insisto, no abundo, para que se note demasiado lo cosido, el afán de reformar costumbres, la tontería.

jueves 9 de julio de 2009

Sobre la lectura (tomado del blog 100volando)

No acostumbro cortar y pegar post de otros en mi blog, pues creo que todos tenemos nuestro espacios y algunos lectores que se acercan a curiosear por comunidad de intereses. Sin embargo, en un blog que sigo, 100volando, Alejandro Rozitchner, admirado filósofo, pensador, provocador y profeta del entusiasmo argentino ha colgado una entrada sobre la lectura que es una delicia estimulante, aquí les va:

Cuando uno lee, cuando vive el encuentro con un libro, es decir, cuando te interesa lo que leés y leés largos ratos por día, pasa algo raro: uno se empapa, se embebe, se sugestiona, se carga con el mundo del libro al punto que toda la vida propia se transfigura un poco con esa lectura. Creo que no nos damos cuenta de la profundidad de este proceso. Sí, sabemos que un libro nos mete en su historia o en su tema y nos damos cuenta de que reflexionamos sobre él o que hacemos espontáneas asociaciones teniéndolo en cuenta todo el tiempo. Pero no captamos el efecto inconsciente, por el que esa lectura se apropia de nuestra vida interior y la posee, como en una especie de vampirismo. El libro vive una vida secreta e íntima en nosotros, de la que sólo podemos captar y pensar una mínima parte.

Por ejemplo, al leer un libro los valores o la visión de la vida de ese libro se instalan en nosotros. No para siempre, durante un tiempo. El poder sugestivo de la lectura funciona así, de costado diríamos, pero de manera total. Tan es así que ciertas lecturas hacen que nuestras vidas vayan para un lado o para otro.

Ejemplo: quienes han leído a Castaneda y las aventuras de Don Juan se van transformando en chamanes modernos; quienes leen libros de pensamiento izquierdista empiezan a creer que están en un mundo alienado y que son oprimidos por el sistema –y ven por todas partes aflorar la supuesta trama de opresión-; quienes leen una novela de García Márquez empiezan a sentir que su vida entera es interesante y llena de historias particulares; quienes leen libros de auto ayuda ven por todas partes oportunidades para crecer y aprender, etc.

Para este efecto suele ser importante el tamaño del libro, que equivale a la dosis de la sugestión. Si la droga está bien lograda 500 páginas pegan más que 250. El fenómeno Harry Potter, por ejemplo: dosis importantes de magia y fantasía para chicos.

Claro que el libro no manda, que debe haber una predisposición o tendencia en la sensibilidad propia que hace que uno elija un libro y no otro, pero el libro agrega mucho, coloniza el interior de la persona como si fueran españoles llegando a América.

Casi podríamos decir que los libros son espíritus dormidos, a los que dejamos entrar en nosotros y terminan haciéndose dueños de todo por un rato. Esas sucesivas aventuras (porque este proceso de entregarse y rehacerse es una aventura, el que lee parece estar quieto pero puede estar viviendo acontecimientos internos intensísimos) van formando la personalidad. En las identificaciones repetidas vamos haciendo aparecer el que somos, perfilándolo, creándolo. La obra es también la creación de la persona propia, y estos espíritus que dejamos entrar y a los que damos vida hacen su proceso y se van, dejando el rastro del encuentro en ciertas disposiciones personales que quedan como gustos, tendencias, posibilidades, opiniones propias.

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